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🌊 Carey Beach: donde el mar habla en silencio y el alma escucha

  • Camilo Lobo Juan
  • 6 jun 2025
  • 2 Min. de lectura

A veces, el mundo se cansa de sí mismo. Y cuando eso ocurre, existe un rincón al sur del tiempo, a una hora y media del aeropuerto Rafael Núñez de Cartagena, donde los relojes no hacen ruido y las olas saben guardar secretos: se llama Carey Beach.

Allí no se llega, se aterriza suavemente, como una hoja seca sobre el agua. Uno no entra a un hotel, sino que despierta en un lugar que parece haber estado esperándolo desde antes del nacimiento. Lo reciben sin prisa, con una sonrisa callada, y le ofrecen una bebida fresca que sabe a infancia sin preocupaciones.



🛏️ Siete habitaciones. Siete formas de dormir en paz.

No hay muchas. Solo siete. Como los días de la semana, como las notas de una melodía que se repite sin cansancio. En cada una se duerme distinto: en una se sueña con el mar, en otra con manglares, en otra con pájaros que ya no existen en el continente.

Las habitaciones no tienen lujos grandilocuentes, pero sí detalles que no necesitan nombre. La madera cruje con ternura, las sábanas huelen a brisa, y cada rincón guarda una pausa para quien no tiene apuro. El confort no se impone: acaricia.



🔇 Donde el silencio no asusta, sino sana

En Carey no hay música que interrumpa, ni parlantes que intenten ganarle al paisaje. Solo el rumor del mar, el canto lejano de un ave y la brisa del mar que entra sin pedir permiso.

Quien escucha ese silencio, se escucha a sí mismo.



🍽️ Comida con alma caribeña

En algún lugar entre el fogón y el corazón se cocinan los platos de Carey. La cazuela de frutos del mar lleva pulpo, calamar, camarón y pescado fresco, todo abrazado por una crema espesa que sabe a atardecer. El encocado de camarón, por su parte, parece haber sido inventado por una abuela que amaba demasiado. Y el pescado en leche de coco no se come: se recuerda.

No es alta cocina. Es cocina alta en amor.



🌅 El día no empieza, se revela

En Carey no se madruga: se despierta. Con el sonido de las olas 🌊, con la luz suave filtrándose entre los árboles, con el alma descansada. Uno lee sin mirar el reloj, flota sin plan, camina sin destino.

Y cuando cae la tarde, el cielo se tiñe de oro viejo, las estrellas reaparecen sin vergüenza, y todo el mundo —hasta el que nunca había descansado— entiende que la paz no se encuentra: se permite.



💙 Tu alma ya sabe lo que tú apenas estás recordando

Carey no se visita. Carey se siente. Y si lo dejas, te recuerda quién eres.



💬 ¿Y tú? ¿Qué parte de Carey sientes que ya te está llamando?

🌊 ¿Dormir sin prisa?🍛 ¿Comer algo que abrace el alma? 📖 ¿Perderte sin mapa y encontrarte sin querer?

Te leemos en los comentarios. Porque a veces, lo que uno busca…ya lo está esperando.

 
 
 

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